Durante aquella infancia en la que día tras día fuimos grabando el disco duro de nuestras neuronas, mientras éramos instruidos para lograr el éxito, se nos reprimía ante las lógicas travesuras de niños.
Nos escondieron la profunda lección de superación y mejora que se esconde detrás de cada error.
Nadie nos enseñó esa asignatura, la de la cultura del error.
Nadie nos acostumbró a debatir sobre nuestras equivocaciones, sus razones y consecuencias.
Y así crecimos, con un potente freno en el cerebro: el miedo a aceptar la equivocación.
Ya que cada 8 de 10 personas se nos hace difícil aceptar nuestros errores. Una evidencia de la creatividad, son las bastantes justificaciones, mentiras, engaños y estupideces que unos inventan para no admitir sus propios errores, unido a las variaciones de incomprensiones, soberbias e incluso violencias de quienes tienen que aceptar las consecuencias de un determinado fallo.
El error es una caída, y lo único que consigue levantarnos es su aceptación. Cuando no lo hacemos, seguimos en el suelo; si además insistimos, nos enterramos en vida. Con frecuencia el miedo a los errores nos paraliza, nos impide caminar hacia adelante.
Creo que en la vida hay 2 formas de equivocarnos… como mi mama dice: escoger el camino que nos lleve a nuestro destino y la otra, en no escoger nada porque tenemos miedo a equivocarnos...

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